En el segmento “Testimonios de Mi Pueblo”, La Voz de Guamote abrió un espacio para escuchar las voces de quienes han sido protagonistas de la historia y el desarrollo del cantón. En esta ocasión, compartieron sus experiencias el señor Esteban Guaraca y la señora Olga Buñay, una pareja que, a través del trabajo, la perseverancia y el amor por su tierra, han sido testigos de las transformaciones que ha vivido Guamote a lo largo de las décadas.
Una vida ligada a la feria y al comercio
Desde muy joven, la señora Olga Buñay encontró en el trabajo una forma de salir adelante. A los 16 años comenzó a dedicarse a la venta de carne de borrego, actividad que continúa hasta la actualidad. Con nostalgia recuerda que en aquellos tiempos la feria de Guamote tenía una dinámica muy distinta.
“Antes había feria de domingo a domingo; ahora todavía existe, pero nosotros vendemos solamente los jueves”, comentó.
Su testimonio refleja los cambios económicos y comerciales que ha experimentado el cantón, donde las costumbres y formas de comercio han ido adaptándose con el paso de los años, porque en Guamote los cambios son notables.
El niño que asumió el papel de padre
Por otro lado, la historia de Esteban Guaraca es un ejemplo de sacrificio y responsabilidad. Siendo apenas un niño de ocho años, tuvo que asumir el rol de padre para sus cuatro hermanos debido a las difíciles condiciones que atravesaba su familia. “No teníamos absolutamente nada”, recordó.
Impulsado por la necesidad, viajó a Guayaquil a temprana edad, donde comenzó trabajando en la venta de helados. Cuatro años después regresó a Guamote y aprendió el oficio de la construcción, una profesión que ejerció durante aproximadamente 44 años.
Su trabajo lo llevó a recorrer distintos lugares del país, entre ellos Cayambe, Quito, Guayaquil, El Tambo, Cañar y Cuenca, acumulando experiencias que fortalecieron su carácter y su visión de la vida.
Un amor construido con esfuerzo
La pareja también compartió cómo nació su historia de amor. En una época marcada por dificultades económicas y escasas oportunidades laborales, ambos crecieron bajo el ejemplo del esfuerzo de sus padres.
Recordaron que, aunque antiguamente muchos matrimonios eran arreglados por las familias, su unión surgió del cariño y la decisión mutua. Con emoción, Esteban rememoró el día de su matrimonio:
“Nos casamos un 30 de enero en la Iglesia Matriz”.
Un recuerdo que permanece vivo después de tantos años compartiendo alegrías, desafíos y sueños. Porque la vida se caracteriza de etapas complejas pero de la constante decisión de los seres humanos. Rendirse, a veces no es opción.
Del kiosco a los mercados actuales
La venta de carne de borrego ha sido una actividad fundamental para el sustento familiar. Olga recuerda que anteriormente comercializaban sus productos en pequeños kioscos ubicados en el sector conocido como El Triángulo, en el centro de Guamote. Los cambios económicos también se reflejan en los precios, porque en sus testimonios recordaban que; “la libra costaba un sucre; ahora cuesta tres dólares con veinticinco centavos”, señaló Olga.
Sin embargo, el trabajo de la familia no se limitó únicamente a la comercialización de carne. También se dedicaron a la producción y venta de granos, logrando cosechas de hasta 400 quintales. Reconocen además el apoyo de personas que les brindaron confianza y motivación para continuar adelante, entre ellos Francisco Bermeo y Angélica Quishpe, sus amigos.
Por lo general en Guamote, la gente se dedica a buscar formas de vida, en la agricultura, ganaderia, u otro oficio como la comercialización.
Cuando la vida pone pruebas difíciles
Como ocurre en muchas historias de emprendimiento y sacrificio, también enfrentaron momentos dolorosos.
Durante los viajes que realizaban hacia Guayaquil para comercializar sus productos, sufrieron un accidente de tránsito que cambió el rumbo de sus vidas. Los gastos médicos y la recuperación consumieron gran parte de sus recursos.
A pesar de las pérdidas y las dificultades, lograron levantarse y continuar trabajando con la misma determinación que los ha caracterizado durante toda su vida. Aferrados a salir adelante, por su familia sus hijos y al convicción de surgir ellos continuan laborando y los pueden encontrar frente al Mercado Central en Guamote en los puestos de ventas de carne de borrego.
El carnaval de antes: tradición, comunidad y alegría
Uno de los recuerdos más vivos para Olga y Esteban es el Carnaval de Guamote. Con entusiasmo describieron cómo se celebraba antiguamente esta festividad, donde predominaban la chicha, el mote, la comida compartida y la alegría colectiva.
La señora Olga tuvo el honor de ser embajadora del carnaval por tres ocasiones. También evocaron una de las tradiciones más significativas de aquellos años: los reyes del carnaval cabalgaban hacia las montañas, acompañados de embajadores y comuneros, mientras la población preparaba los palacios adornados y los alimentos para recibir a todos los visitantes sin distinción.
Era una celebración donde la solidaridad y la convivencia comunitaria ocupaban un lugar central.
Un mensaje para las nuevas generaciones
Al finalizar su testimonio, la señora Olga dejó un mensaje dirigido especialmente a los jóvenes y a las futuras generaciones de Guamote: “Sigan adelante, no pierdan nuestras costumbres y nuestra alegría”. Palabras que resumen una vida de trabajo, perseverancia y amor por las tradiciones.
La memoria viva de Guamote
Historias como las de Esteban Guaraca y Olga Buñay nos recuerdan que el progreso de Guamote ha sido construido por hombres y mujeres que enfrentaron adversidades sin renunciar a sus sueños. Sus experiencias forman parte de la memoria colectiva del cantón y constituyen un legado invaluable para quienes continúan escribiendo la historia de este pueblo lleno de identidad, esfuerzo y esperanza.

